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Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional
Print version ISSN 1997-4485
Rev. Fuent. Cong. vol.7 no.27 La Paz Aug. 2013
INVESTIGACIÓN
El exilio boliviano en méxico: prácticas intelectuales y redes sociales
Boliviano exile in méxico: intellectual practices and networks
Eusebio Andújar de Jesús*
* Estudiante de Doctorado en Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), entre sus líneas de investigación se encuentran: a) Historia política de Perú durante la primera mitad del siglo XX y b) El exilio boliviano en México durante los años setenta y ochenta del siglo XX. Correo electrónico: jarduan@hotmail.comu
Resumen
En el presente artículo reconstruimos el acontecer histórico, las vivencias personales, las prácticas intelectuales y la actividad política del exilio boliviano en México durante los años setenta del siglo XX. Concentramos nuestra atención en los bolivianos que se desempeñaron como docentes en la Universidad Nacional Autónoma de México durante dicho periodo. Para dar cuenta de las diversas formas de intercambio en el destierro, es decir, de los requerimientos en la actividad intelectual hasta los de la sobrevivencia material, nuestro análisis retoma la noción de redes sociales planteada en los estudios antropológicos. La denominación de red universitaria que empleamos hace referencia a la composición y al espacio físico en el que logra estructurarse el exilio boliviano en México.
Otro tema del que nos ocupamos es el de la controversia sostenida entre el personal diplomático de la embajada de Bolivia en México con integrantes del exilio boliviano, situación que permite corroborar la trascendencia de la producción intelectual en el destierro.
Palabras clave <Bibliotecología social> <Bibliotecología política> <Rol social bibliotecarío> <Memoria oral indígena> <Pueblos indígenas de Colombia>
Abstract
In this paper we reconstruct historical events, personal experiences, practices intellectual and political activity of Bolivian exile in México during the seventies of the twentieth century. We concéntrate our attention on the Bolivians who served as teachers at the National Autonomous University of México during that period. To account for the various forms of exchange in exile, the requirements in intellectual activity and the material survival, our analysis takes the notion of social networks raised in anthropological studies. The ñame we use university network refers to the composition and physical space that manages structured Bolivian exile in México. Another issue that we address is that of sustained controversy between the diplomatic staff of the Embassy of Bolivia in México with members of the exiled Bolivian situation corroborates the importance of the intellectual in exile.
Keywords <Exíle Bolivian> <dntellectual Practices> <Social Media> <Social Sharing> <Political Asylum>
"En un primer destierro, confundido entre las sombras del puerto aéreo, alguien puso entre mis manos un pequeño envoltorio, cuyo contenido, me dijo, era una porción de tierra, 'para que nunca la olvides, que la lleves para siempre'..." (Jorge Calvimontes y Calvimontes, Un relámpago de siglos, crónica de una efímera eternidad, México, Constante, 2005, p. 190)
Luego del golpe de Estado del coronel Hugo Banzer Suárez en agosto de 1971 cientos de bolivianos padecieron la represión política en sus diíerentes expresiones: persecución, encarcelamiento, tortura, exilio, desaparición y asesinato. En el presente artículo nos ocupamos de lo acontecido con aquellas personas que fueron obligadas a salir de su país, en especial de quienes recibieron protección de la embajada de México en Bolivia. Los informes diplomáticos de la representación mexicana enviados desde La Paz, antes de que concluyera el año de 1971, establecían que alrededor de 35 personas, incluidos familiares ele los asilados, habían abandonado Bolivia bajo protección del gobierno mexicano. Sin embargo, la estimación hecha por algunos exiliados que formaron parte de los dos contingentes en que lueron trasladados a la Ciudad de México sobrepasa lo reportado en los cables procedentes de Bolivia.1
Procedentes del medio académico en un elevado número, "el grupo incluía catorce profesores universitarios, estudiantes, periodistas, profesionales, dirigentes sindicales y familiares"2. Las continuidad profesional, laboral y estudiantil dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tuvo un peso determinante en el origen de las primeras redes de solidaridad entre personas del mismo país; posteriormente aparecieron otras de tipo militante, amical y familiar3. Identificamos en el presente trabajo a una de las redes más visibles entre los bolivianos de los años setenta, en concreto la establecida a partir del trabajo profesional dentro de la UNAM y sus ramificaciones hacia afuera.

La red universitaria de bolivianos en el exilio
Luego de permanecer cerca de un mes en la embajada de México en Bolivia, el primer grupo de asilados salió con destino a la Ciudad de México el 13 de septiembre de 1971. Una semana después se sumaron quince bolivianos más según los telegramas intercambiados entre la Secretaría de Relaciones Exteriores de México y su personal diplomático en La Paz, Bolivia.4
La mcertidumbre de los bolivianos por las condiciones en que el gobierno de Luis Echeverría permitiría su estancia en México previno a los primeros desterrados de acciones inmediatas en caso de un escenario adverso: "Cuando uno está en una situación tan conflictiva piensas lo peor, pensamos que nadie nos iba a recibir, y formamos grupos para ir a buscar un hotel barato, a cosas de ese tipo sin tener idea de lo que era la Ciudad para empezar".5
El contacto con autoridades migratorias, luego ele salir del avión que los trasladó al Distrito Federal, puso sobreaviso a los exiliados acerca del control al que estarían sujetos a su ingreso y estancia en México:
"Cuando llegamos al aeropuerto y quisimos salir, las autoridades de migración nos dijeron 'sus papeles', y sacamos el nuestro, un papel de este tamaño, como era el salvoconducto que dio el gobierno para cada uno de nosotros, y le mostramos eso 'y se rió', y entonces yo tuve que decirle 'señor, somos asilados políticos, estábamos viviendo de la embajada de México en La Paz como asilados políticos, entonces no tenemos más papeles que estos', 'tienes que esperar hasta que lleguen los de gobernación'... "6
La condición de asilados, bajo la cual el gobierno mexicano aceptaba el ingreso y permanencia de los bolivianos, les permitió emplearse laboralmente y establecer residencia en tanto se mantuvieran alejados de asuntos relacionados con la política interna de México. Necesidades inmediatas como el alojamiento y la manutención fueron cubiertas de manera temporal luego de llevarse a cabo su registro migratorio:
"Al atardecer llegan los de gobernación y nos agrupan, yo les expliqué la situación y les mostramos nuestros papeles, 'por javor suban a unos vehículos grandes', yo dije 'nos están llevando a un calabozo', pero no, nos llevaron a un hotel discreto en la calle Nueva York, ahí en el centro mismo de México, un hotelito discreto de México, donde nos dieron alojamiento, comida y tranquilidad...".7
El sustento económico, junto con la continuación de un trabajo político suspendido tras la represión militar, incidió en la movilidad y la formación de las primeras redes en México. La convergencia de necesidades, intereses y prioridades en el exilio permitieron trascender las diíerencias interpartidistas anteriores a los años de expulsión masiva y establecer una plataforma de actividad con énfasis en el acontecer boliviano. Además de un conjunto de circunstancias comunes entre individuos, "la red de relaciones es producto de estrategias individuales o colectivas de inversión, consciente o inconscientemente dirigidas a establecer y mantener relaciones sociales que prometen un provecho inmediato".8
La posibilidad de emplearse profesionalmente en actividades similares a las realizadas en Bolivia fue mayor entre quienes cultivaron años atrás algún tipo de relación institucional ya fuera en el medio universitario o gubernamental:
"Dirigí una delegación universitaria que vistió México el año 1960, fuimos huéspedes del Banco de México... [se] preparó un ciclo de conferencias para nosotros en la Universidad, la Escuela Nacional de Economía... pero también, ya en 1969, o sea, casi diez años después, me invitaron de la CEPAE a que pudiera yo cooperar en un curso a dictar sobre política económica en la Universidad de Nuevo Eeón, en Monterrey" 9
Diferenciado de persona a persona, el capital social acumulado durante el trayecto de vida anterior al destierro incrementó las opciones de residencia, empleo y movilidad en tanto que mostró la permanencia de un complejo de lazos afectivos generados en circunstancias distintas. La vigencia de dichas redes estableció un contraste entre los recursos individuales movilizados a partir de un acontecimiento común y los espacios de operatividad.
El eminente carácter profesional de los bolivianos que llegaron en 1971 fue para algunos, sobre tocio para los que se desempeñaron como docentes en la UMSA, una ventaja que les facilitó la obtención de empleo y la pronta articulación de acciones de solidaridad con su país. La red de procedencia, anterior al exilio, de autoridades y docentes que hasta el golpe de Banzer habían encabezado el movimiento revolucionario universitario iniciado en 1970, permitió el enlace de un grupo de bolivianos que de manera temprana se constituyeron en un referente para quienes ingresaron a México en años posteriores.10
La recepción de la primera oleada proveniente de la UMSA encontró una acogida solidaria desde la rectoría a cargo de Pablo González Casanova. Lejos de que el origen clasista fuera el determinante principal para la inserción de los bolivianos en la UNAM, el historial personal y laboral tuvo su contrapeso a la hora de la adversidad como parte del proyecto revolucionario universitario impulsado un par de años antes en la UMSA:
"entonces un día [sonó] el teléfono, era para mí, qué, el rector de la UNAM, con quien estuve aquí [en La Paz] dos meses antes, y me dijo 'doctor Prudencio, lamento mucho lo que ha pasado, cuántos han llegado de la Universidad', se interesó sobre todo por los de la universidad, yo le dije que éramos seis, me dijo 'vengan tal día a mi despacho', y fuimos, y después de dos o tres horas de conversar salimos con nuestro memorándum de designación de profesores en cada una de las facultades a las que podíamos trabajar".21
La visita de González Casanova a la UMSA en el marco de un recorrido del rector mexicano por distintas universidades sudamericanas, tan sólo unas semanas antes del golpe de Banzer, permitió ampliar las relaciones en el campo académico y amical una vez que las circunstancias obligaron a los docentes bolivianos a trasladarse a México:
"sucede que cuando vino a Bolivia él era rector de la Universidad y yo era rector de la Universidad de acá, entonces Pablo estuvo aquí en la casa y toda esta cuestión de relación social, pero un buen día me dice 'quisiera ver una cosa popular, me invitan todos a hoteles y yo quiero conocer', entonces nos fuimos a unas picanterías y nos hicimos muy cordiales amigos... y es Pablo González Casanova que coopera a toda la gente de la Universidad".12
González Casanova pasó a ser una parte central en la reconstrucción de la red universitaria de los bolivianos en la UNAM e hizo efectivo el ofrecimiento de solidaridad realizado unos meses atrás durante su estancia en La Paz:
"recibimos la cordial acogida, generosa acogida de don Pablo González Casanova, él estaba de rector, nos recibió en su despacho, nos ofreció todas las posibilidades y también la Unión de Universidades de América Lalina (UDUAO, de modo que fwíimrjs trabajar en id Universidad".13
Una diversidad de profesionistas se instaló en Las cátedras universilarias a través de adjuntias, asignaturas y se mi nanos exiraordinarios. Entre los académicos que tempranamente Fueron contratados en la UNAM estuvieron Osear Prudencio Cosío en la Facultad de Odontología, Mario Miranda Pacheco en Filosofa y letras, Jorge Galvimontes y Calvimontes en Ciencias Politlicas y Sociales, Carlos Carvajal Nava en Ingeniería, Marcoss Dominich en Psicología, y Willy Sandoval Morón en el area de la Salud. Paulatinamente, la composición del exilio se diversificó durante la década de los setenta con la llegada de estudiantes e intelectuales bolivianos procedentes de países sudamericanos luego de instalarse gobiernos militares en la región.
Con el activismo político, la red estructurada en la UNAM incrementó la cantidad de personas identificadas con la lucha antidictatorial en Bolivia. el beneficio más inmediato fue posible observarlo en las tribunas periodísticas a través de las cuales se ventiló parte del acontecer politico boliviano. La atención puesta por la embajada de Bolivia en México desde los primeros días de enero de 1972 anticipaba la integración de un primer núcleo organizativo de exiliados con ubicación en la UNAM:
"el 7 de enero informé a usted señor Ministro, de los ataques que en la revista Siempre fue objeto nuestro gobierno... como era de esperar, el señor Sandoval Morón, que esta siendo manejado por los comunistoides asilados en Mexico, como Oscar Prudencio, Pablo Ramos, Alberto Barley, Miranda y otros, aprovechó la oportunidad de lanzar otra arremetida que me obligo a una respuesta final, publicada en el numero siguiente".14
La controversia entre el exiliado Willy Sandoval Morón y el embajador Mario Franco se originó a partir de la publicación de un artículo escrito por el primero para el Semanario Siempre en los primeros días de enero de 1972. La interpretación del acontecer político boliviano de los últimos años abría un debate largamente sostenido entre la representación diplomática y los exiliados que permanecieron en México. De acuerdo con Sandoval Morón, las declaraciones del embajador Franco carecían de un rigor analítico e intentaban orientar la discusión hacia asuntos de menor relevancia:
"sus rústicas y pueriles consideraciones acerca de lo acontecido en las guerrillas de Ñancahuazúy Teoponte están a la altura de quienes esquivan una análisis político serio y prefiere el chisme barato y la liberación desenfrenada de su odio para quienes dieron lugar a los dos acontecimientos... ".15
El asesinato de Alcides Sandoval, hermano de Willy y dirigente sindical del autotransporte en Bolivia, acontecido en el mes de octubre de 1971, fue un suceso que encontró espacio en los pronunciamientos emitidos desde México en contra de la política represiva de Banzer:
"si de crímenes hablamos, y conste que yo no motivé la siguiente exposición en una controversia que se inició como política, no debe ignorarse el cometido con mi hermano y dirigente transportista cruceño, Alcides Sandoval Morón, capturado y ejecutado en Santa Cruz el 14 de octubre próximo pasado, por el propio prefecto Widen Razuk y la posterior negativa del régimen a entregar su cadáver. ¡Así de cristiano y humanitario es el régimen fascista!...".16
La permanencia de los bolivianos en México no sólo dependió de las posibilidades de emplearse laboralmente, sino también de la decisión de trasladarse hacia otros países de mayor cercanía geográfica a Bolivia y con proyectos políticos de cierta afinidad:
"con excepción de algunos académicos que encontraron pronto empleo en la UNAM, por gestión del rector mexicano Pablo González Casanova, los otros compañeros pasábamos serias privaciones, sin recursos ni posibilidades de trabajo, muchos optamos por retornar al sur, al Chile de Allende, al Perú del general progresista Velasco Alvarado".17
La hospitalidad diferenciada, ofrecida por el entonces régimen de Echeverría, fue un factor adicional en la decisión de buscar residencia en un país distinto al de México. El capital social, que para unos resultó fundamental en la pronta ubicación laboral y espacial, tuvo también su contraparte en el seguimiento policial tempranamente desplegado por los organismos de seguridad en México:
"nuestros movimientos estaban bajo control de los agentes de gobernación, oficina donde debíamos reportarnos siempre. El gobierno del presidente Echeverría no conciliaba con nuestros ideales y hasta nos dio muestras de hostilidad cuando mandó sacarnos por la fuerza de nuestro hotel a las cuatro de la mañana".18
Es probable que el gobierno de Echeverría hubiera establecido una asociación entre la actividad política de los bolivianos anterior al exilio y su posible vinculación con grupos subversivos en México durante los años setenta. El carácter selectivo con el que operaron las autoridades policíacas es un indicio significativo de la atención puesta sobre ciertos bolivianos:
"casualmente fui a dar al V Congreso de Psiquiatría que entonces se desarrollaba en México... y en medio de ese congreso hubo muchas reuniones de psiquiatras de izquierda... entonces constituimos una especie de sociedad de psiquiatras y psicoanalistas de izquierda... y hubo una campaña en contra de nosotros en la prensa mexicana de derecha... mostrando que los comunistas querían aprovechar esa plataforma para desprestigiar a la democracia mexicana... por supuesto que no había nada de eso".19
Dentro del régimen de seguridad interna en México, la hospitalidad brindada por Echeverría se mantenía bajo ciertos límites inamovibles, es decir, la permanencia estaba condicionada más a la distancia que debía mantenerse con los asuntos de índole doméstico que a los intereses alrededor de la situación boliviana. En consecuencia, la intimidación aplicada de forma discrecional respondía a una contención de probables vínculos entre los asilados y aquellos sectores desafectos a la política ele Echeverría:
"... a alguna gente la persiguen, entre ellas a mí, y recibí refugio, no debía permanecer donde normalmente estaba registrado, en el hotel donde todavía vivíamos los exiliados de ese año. Entonces finalmente tuve que empezar a pensar qué es lo que podía hacer, ya no tendría las mismas posibilidades para permanecer ahí en México. Pasó este pequeño incidente del Congreso y un día que debía presentarme a la posibilidad de un trabajo importante vino la policía y nos llevó a todos y nos retuvo varias horas, no sé el motivo...".20
Tras la intimidación sobrevino la salida obligada de territorio mexicano de los primeros asilados bolivianos hacia 1972. La incursión policial en el mes de febrero de ese mismo año a uno de los hoteles en que residían un grupo de bolivianos guarda relación con los cables de la embajada de Bolivia en México reportados a su país:
"En una redada efectuada por policías mexicanos cuando buscaban una imprenta clandestina fueron detenidos varios asilados bolivianos a dos de los cuales, los hermanos Pínelo, les aplicarán la Eey de Residencia (acá denominada Art. 33), por haberlos encontrado complicados en dichos trajines. A los demás los pusieron en libertad al parecer por gestiones del ex rector Osear Prudencio Cossío y de Alberto Bailey, que trabajan en la Universidad Autónoma de México".21
La concentración de los bolivianos alrededor de las actividades universitarias cubrió una importante función integradora al atenuar dificultades laborales y ele manutención entre los desterrados que ingresaron a México en los años siguientes:
"entonces llegué y ya había muchos compañeros que se habían exiliado antes... fue muy fácil para mí conectarme con algunos compañeros que trabajaban en la UNAMy ver cómo conseguir trabajo... es importante porque tú llegas a un lugar en el que la gente ya te recibe, te conoce, que no es lo mismo que llegar y no conocer a nadie".22
Sin embargo, para otros, lejos de representar una opción de permanencia o integración, la UNAM fue un escenario de referencia que no ocupó la centralidad en sus vidas y actividades. Las redes nacidas a partir del trabajo profesional ofrecieron una alternativa de sobrevivencia por la extendida cartografía latinoamericana: "Yo ejercía la cátedra universitaria en Buenos Aires, por un intercambio j de profesores de México me vinculé con el ITESO, con el Instituto de Estudios Superiores de Occidente de Guadal ajara... ahí me recibieron con los brazos abiertos".23
Quienes mantuvieron una frecuencia menor de encuentros y acciones con la red universitaria respondían a una valoración crítica del trabajo de las entidades políticas bolivianas hasta antes del golpe militar de Banzer. Sin embargo, la filiación política no fue un impedimento para la continuación o nacimiento de relaciones de amistad en el exilio. Aquellos exiliados sin militancia política fueron nucleados por el reconocimiento profesional y las relaciones de amistad establecidas en actividades universitarias compartidas. Un segundo eje de articulación, anterior a su llegada a México, se constituyó alrededor de las relaciones de amistad i generadas durante estancias en el extranjero por razones de estudio y en situaciones de exilio en países como Chile y Argentina.
La sociabilidad construida en el marco de lo académico, más allá de las adhesiones personales a los proyectos políticos vigentes en los años setenta, abandonó su carácter circunstanctal para ocupar un primer plano en la sobrevivencia y desarrollo profesional de los individuos. De tal suerte que el dinamismo de una red en mucho se estableció a partir de la solidaridad representada en lo real y simbólico por uno o más de sus miembros, sin importar el carácter periférico que éste ocupara o la regularidad en el contacto personal. Si bien la frecuencia en la comunicación entre individuos pertenecientes a una misma red permite su reactualización en lo afectivo, también es cierto que puede verse interrumpida al climax de su completa desaparición para reactivarse nuevamente en situaciones un tanto inesperadas. De manera que el carácter dinámico de la red aleja su ubicación como sistema fijo "ya que al conformarse de cierto tipo de relaciones, encaja en la diversidad social, la cual es cambiante e histórica".24
Al atenuarse momentáneamente las necesidades de manutención, la articulación de grupos de exiliados por filiación política y de solidaridad con la resistencia llevada a cabo en Bolivia hizo visibles prácticas políticas en lo personal y grupal. La cantidad de militantes de cada organización política que permaneció en México fue siempre variable durante los años setenta; la transitonedad de su estancia incidió en gran medida en la notoriedad y trascendencia ele sus proyectos, así como en el surgimiento a otras redes. Entre los integrantes de partidos políticos en el exilio estuvieron Carlos Carvajal Nava, Marcos Domic y Edgar Valverde Castaños del PC moscovita; Fernando Arauco e Ingrid Koester del PC pekinés; Guillermo Lora, Jorge Lazarte y Alfonso Velarde del POR; Pablo Ramos, Humberto Mur Gutiérrez, Horts Grebe y Mercedes Urnolagoitia del M1R; y Antonio Antezana del PRIN.25
La existencia de redes partidistas estuvo condicionada tanto al número de militantes establecidos durante un periodo de tiempo en México como a las tareas que debían cubrirse dentro de Bolivia. La distancia no fue un obstáculo en la comunicación con las direcciones de partidos en la clandestinidad ni en el camino a seguir tras la expulsión: "La consigna del MIR era no tener gente exiliada fuera, había que estudiar primero los mecanismos y volver a Chile primero porque ahí estaba la matriz, si tú quieres, y luego volver a Bolivia porque la resistencia se hace en tu país y no en el exilio"26. Formadas transitoriamente en el exterior, las redes de pertenencia partidista mantenían vínculos con una organización más vasta fundada en el interés común de contribuir a la resistencia en Bolivia. La coordinación de acciones entre exiliados residentes en distintas partes de América Latina lograba sacar adelante hacia octubre de 1972 la Campaña Internacional a favor de los presos políticos en Bolivia. La información difundida en México establecía una estimación de alrededor de 1.500 presos políticos recluidos en casas de seguridad y cárceles bolivianas. Se consideraba que la represión desatada con Banzer imponía lo siguiente:
"La necesidad imperiosa de llevar adelante una gran campaña internacional tendente a lograr: 1° respeto a la integridad física y moral de todos los prisioneros; 2° atención médica inmediata para Lodos los presos que están en grave estado de salud; y 3o libertad para Lodos los presos políticos aunque sea condicionada a que tengan que abandonar el país" 27
La red de exiliados bolivianos con adscripción en la UNAM logró ampliarse en la medida en que contó con la capacidad para responder a un tipo de intercambio requerido en cada situación particular. Aun entre militantes de organizaciones sociales que no compartieron los recintos universitarios como ejes en torno a los cuales giraba su trabajo profesional y político, la red universitaria estableció vínculos con ellos aunque sólo fuera de manera transitoria. Las eventualidades presentadas en el destierro requirieron a la embrionaria red de gestiones no siempre referidas a la obtención de empleo, el hospedaje y la alimentación. Hacia 1973 la experiencia armada del Partido de los Pobres, comandada por Lucio Cabanas en el Estado de Guerrero, no pasó inadvertida entre los exiliados. La normatividad mexicana y sus aparatos de control político hacia la disidencia no tardaron en localizar a quienes intentaron establecer conexión con el movimiento de Cabanas y sacarlos del país sin posibilidad de retorno:
"A mí me tocó saber de dos casos, que yo los haya manejado. No sé de otras que hayan sacado... a una viejita la sacaron porque se metió con el grupo de Lucio Cabanas... cuando te votan ya no tienes chance de regresar, se vino a Bolivia, y era esposa de Reynaga, este ideólogo indigenista, de Fausto Reynaga, era su esposa, macha la viejita" 28
La reciprocidad entre los asilados remitía a dos dimensiones no siempre vinculadas entre sí, es decir, en la relación de persona a persona el requerimiento no necesariamente trascendía hacia el resto de la colectividad boliviana:
"Había una señora que se llamaba Etelvina Víllanueva, esta era la mamá de este chico, Ramiro, y a mí me conoce, me ha venido a buscar, 'que han agarrado preso a mi hijo que trabajaba en CENCOS y está desaparecido, no sabemos dónde está, no está en ninguna policía', yo quería servir a la señora... ".29
La detención policial de bolivianos en México dejó entrever la existencia de otras redes sociales articuladas de manera periférica a la que operaba en el campus universitario. Establecidas en espacios distintos, el intercambio requerido para enfrentar dicha contingencia era viabüizado a través de la existencia ele una red previa con operatividad anterior a la expulsión.
En los intercambios sociales en el destierro, al igual que el efectuado en otras circunstancias, está implícita "la obligación de beneficiar en el futuro a aquellos que nos han beneficiado primero, o un sentimiento de gratitud si la reparación no es posible"30. El acto de dar y recibir en el exilio establecía un punto de encuentro entre vivencias acontecidas en el pasado y un conjunto de necesidades generadas en el presente, ele manera que la reciprocidad se inscribía dentro de las historias de vida transcurridas en el tiempo sin perder vigencia ni efectividad:
"averigüé y me dijeron que había una Dirección Nacional de Seguridad... sobre Reforma e Hidalgo... yo entré por la calle de Lajragua... donde tenía su oficina el coronel fiara... me recibió el coronel... 'a qué debo su visita maestro', 'mire usted coronel, estamos preocupados en la colectividad boliviana porque ha desaparecido nuestro compatriota Ramiro Reynaga, que tenía algunas clases en el CENCOS de Cuernavaca y queremos saber qué pasa', entonces dice 'nosotros lo tenemos, está con nosotros por esas cosas, hablando de que peleó junto al Che, qué prefiere usted, que lo vamos a entregar aquí a las autoridades y que lo enjuicien o que se devuelva a su país', entonces ya había hablado con su madre previendo estas cosas, 'quiero que lo expulsen'... jui, le avisé a su mamá".31
Inscritos en la memoria y resignificados con posterioridad en un espacio y tiempo distinto al de su origen, los acontecimientos del pasado generaron ciertas deudas morales que pudieron ser cubiertas en circunstancias imprevistas: "Yo participé en eso porque temamos cierto lazo de amistad con su padre, que fue un viejo luchador indigenista, Fausto
Reynaga, un indígena muy dedicado... en mi juventud fue una persona que me orientó, que hablaba conmigo, me hacía capaz de participar en conversaciones políticas, era muy apasionado el padre".32
Frente a la llegada de nuevos bolivianos en años posteriores a 1971, los exiliados agrupados alrededor de la UNAM prestaron apoyo a quienes enfrentaron la expulsión y las vicisitudes derivadas de la represión política. La muerte fue una de ellas; hacia julio de 1972 Roberto Moreira, ex enlace urbano de la guerrilla del Che y militante del Ejército de Liberación Nacional ELN, llegó a la Ciudad de México con un deteriorado estado de salud a consecuencia de una prolongada reclusión y tortura en cárceles bolivianas33. La situación de Roberto Moreira había ocupado la atención y el trabajo ele los bolivianos meses antes de su traslado a territorio mexicano:
"recuerdo que tuvimos reuniones nosotros, los compañeros, para revisar el caso de Roberto, y nos informaba gente que había visto, usted sabe, siempre hay amigos en todas partes, lo llevan al Lago Titicaca, lo sumergían en semejantes aguas frías, toda la famosa tortura del submarino... claro, en estas circunstancias alteraron sus facultades mentales, y lo tuvieron preso aquí mucho tiempo, fue rescatado por guerrilleros y después llegó a México... ".34
Los lazos de amistad originados en los primeros años de militancia política en Bolivia tuvieron un peso determinante en la articulación de redes que trascendieron hacia escenarios distintos. En el exilio, el intercambio efectuado durante un periodo de vida específico mantenía una vigencia tal como si estuviera inscrita dentro de una red social con permanencia en el tiempo. Al rememorarse acontecimientos compartidos se externaba también el significado de entramados de amistad con intereses comunes:
"Roberto Moreira Monteemos fue un compañero mío de lucha de los años cincuentas, fue en el año de 1956... trabajábamos juntos, éramos dirigentes juveniles, asistimos incluso a congresos de la COB... militábamos en las mismas ideas, en el nacionalismo revolucionario de ese tiempo y él seguía participando en grupos más clandestinos, participaba con la izquierda peruana, con grupos guerrilleros peruanos, él estaba muy vinculado ya con la lucha clandestina en tanto que yo estaba en la lucha abierta".35
Incapacitado para hacerse cargo de sí mismo en la Ciudad de México, el auxilio prestado a Roberto Moreira consistió en proporcionarle atención médica hasta su deceso en diciembre de 1973: "Él estaba muy alterado, era cíclico su proceso, pero cíclico cada vez más profundo, entonces tuvo que estar en una clínica psiquiátrica, no una oportunidad sino varias oportunidades en el psiquiátrico de México"36. La situación de Moreira trascendió entre la colectividad boliviana residente en el Distrito Federal, movilizó recursos en aras de aminorar las consecuencias de la tortura, así como en su repatriación a Bolivia después de su fallecimiento:
"Nosotros nos encargábamos de todo e¡ cuidado médico y del aprovisionamiento, él estuvo en el psiquiátrico en varias veces, salía y estaba mejor, pero volvía a recaer, y en la última parece ser que él se suicidó, esa es la versión que tuvimos allá. Entonces fuimos los bolivianos los que nos encargábamos de los trámites, claro, con todo el apoyo del gobierno mexicano... se lo crema y mandaron sus cenizas":37
El lugar de tránsito en el que se convirtió México por las prioridades políticas y personales de los expulsados dejó tan sólo algunos indicios del paso de bolivianos que se adscribían a organizaciones y proyectos políticos con poca notoriedad en el exilio. Lo anterior nos remite hacia 1973 a Marcial Canaviri, integrante del movimiento katarista aymara, quien permanece cercano a un grupo de asilados y estudiantes bolivianos residentes en la Ciudad de México:
"Ahí estaba Marcial Canaviri, a quien le hago una entrevista, un katarista aymara, comunaño, indígena. Zavaleta me dice, por qué no le haces una entrevista, entonces yo me lo tomo en seño y consigo una grabadora. .. y empiezo a transcribir las páginas y páginas de las Inoras que grabamos...":38
Con el tiempo, el testimonio de Canaviri sería retomado en investigaciones académicas relativas al movimiento katarista boliviano y pasaría a formar parte del acervo de historia oral andina39. La conversación entre López y Canaviri se orientó hacia un recuento histórico del movimiento katarista desde sus orígenes hasta su desarrollo más reciente:
"Prioricé lo políticamente lógico, el nacimiento del katarismo, este joven comunaño igual de joven que yo, por unos cuantos años más pero de la misma generación, un tipo sumamente inquieto, empezamos con el surgimiento del katarismo ortodoxo, Genaro Flores, de quien después conocí mucho, pero terminamos obviamente en el ayllu, en la comunidad, en la familia, en el hacia dentro, en temas de opresión, de racismo, de servidumbre, de dolor de cargar el estigma de vencidos".40
La red universitaria de los bolivianos en México ocupó un espacio vital ante las dificultades económicas de algunos, la obtención de empleo y el establecimiento de enlaces para continuar el peregrinaje hacia el sur. La red que se constituyó en gran medida a partir de la experiencia universitaria en Bolivia tuvo un ensanchamiento con la llegada de nuevos exiliados procedentes del ámbito sindical y partidista, por lo que las actividades se diversificaron hacia otros espacios fuera de la Ciudad de México. En el imaginario del exiliado, México fue representado como un lugar transitorio que permitió poner a salvo la vida y dar refugio mientras el retorno era valorado según las condiciones políticas y las prioridades partidistas. Al Estado de Puebla se trasladaron un número menor de bolivianos en comparación a los residentes en la capital mexicana. La Universidad Autónoma de Puebla incorporó hacia 1973 a los primeros bolivianos que ingresaron a México luego ele producirse el golpe de Estado en Chile:
"... al papá de mis hijos logran rescatarlo los campesinos y se lo llevan para el lado de Chile, entonces él logra continuar el viaje y se va a México, setenta y tres me parece, posteriormente él pide la reuníficacíón y yo ¡ogro irme... llegamos a México, nace Martín, pero volvernos a salir, no estábamos con nuestra identidad, después ya en México nos reconocieron, acceden a darnos la referencia de nacimiento de Martín... ".41
Además de la UNAM, la Universidad poblana ofreció a los asilados una alternativa para encontrar empleo o continuar con su preparación profesional: "...entonces nos fuimos directamente a Puebla, la Universidad Autónoma de Puebla le da a él una beca para hacer el posgrado en pediatría, en esa época estaba el PC en la Universidad y son ellos los que determinan darnos la ayuda"42. Con un número menor de residentes en Puebla, los bolivianos participaron en actividades del exilio latinoamericano y no dentro de una red de nacionalidad como aconteció en la Ciudad de México:
"... me dicen que en el Distrito Federal se conformaron grupos, incluso que había la diablada, se hacían presentaciones, creo que se organizaban más... en Puebla no, eran más cosmopolitas, había de todo, y como era todo más chiquito, entonces era más fácil vernos con los chilenos, los colombianos en el mismo hospital que con el grupo de bolivianos... era importante que nos reunamos porque era vital para la lucha que se estaba dando acá, sacar manifiestos, comunicados...".43
Es probable que además de la Universidad Autónoma de Puebla, la Universidad Autónoma de Guerrero acogiera también a un reducido número de exiliados bolivianos durante los años setenta. La apertura que ambas instituciones universitarias tendrían con los asilados políticos de la siguiente década sentaría un precedente que bien podría remontarse para los años de represión banzerista.
Resultaba notorio para 1973 el fortalecimiento del trabajo político de los bolivianos en México con la llegada de más exiliados procedentes de Chile. El golpe de Augusto Pinochet contra el gobierno de Unidad Popular encabezado por Salvador Allende fue un duro revés regional que pasó también factura a los desterrados bolivianos residentes en la Ciudad de Santiago. Junto con Perú, Chile se había convertido en un punto intermedio entre los exiliados y la resistencia boliviana, el carácter fronterizo de Chile con Bolivia y el gobierno allendista resultaban un capital político del que los bolivianos se habían beneficiado desde 1971.
Dentro de su larga historia de expulsiones de orden político, los bolivianos encontraron en Chile una alternativa de residencia y apoyo que había hecho menos onerosa su permanencia fuera de Bolivia. La inestabilidad política de Bolivia después de la caída del último gobierno movimientista en 1964 había desplazado a importantes líderes políticos hacia territorio chileno en busca de seguridad y cercanía para intentar el retorno en condiciones mejores 44. El último éxodo y el más numeroso de bolivianos hacia Chile se dio con la llegada al poder de Banzer una vez que es depuesto el general Juan José Torres.
Fue entonces que junto con los chilenos arribaron a México algunos bolivianos residentes en Santiago desde 1971. Un número menor se trasladó hacia la Argentina en atención a la cercanía geográfica con Bolivia y a la posibilidad de continuar su trabajo político desde el exilio. Las redes intelectuales tejidas durante el gobierno de Salvador Allende en Chile resultaron de vital importancia en la movilidad de personas hacia países con presencia de asilados bolivianos:
"Rene vino a México con un salvoconducto de Naciones Unidas porque no tenía pasaporte, entonces salió al exilio con un lesse passe que llaman de Naciones Unidas, que le dio Enrique Iglesias, que en ese momento era director de ¡a CEPAL en Chile, y que también le dio chamba aquí en México, y llegó por lo menos con un contrato de dos o tres meses... ".45
Las redes del exilio boliviano se extendieron hacia distintos lugares de América Latina. En el campo de las ciencias sociales se encontró uno de sus asientos principales durante los años setenta. No era un acontecimiento fortuito el apoyo que el sociólogo mexicano Pablo González Casanova había prestado a los primeros bolivianos durante su rectorado; por el contrario, las redes intelectuales dentro del campo de las ciencias sociales cubrían varios espacios universitarios y periodísticos de Latinoamérica. Luego de la renuncia de González Casanova a la rectoría de la UNAM, la asistencia a los bolivianos dentro del campus universitario corrió por cuenta de intelectuales cercanos al sociólogo mexicano:
"En el caso de Rene, diría que él tenía algunos contactos aquí en México, no muchos, pero conocía gente que estaban en puestos más o menos buenos y realmente consiguió trabajo muy rápidamente en la universidad, esto a través de Víctor Flores Olea, que en ese momento era director del Centro Latinoamericano de Estudios de la UNAM, en Ciencias Políticas... ".46
La discusión académica del acontecer latinoamericano ocupó distintos foros en facultades y escuelas de la UNAM. Una diversidad de intelectuales de distintas disciplinas reafirmaron su pertenencia a las redes tejidas en el exilio y se incorporaron a otras ya estructuradas en la universidad:
"No solamente la Facultad era un ¡oro, estoy hablando de la vieja Facultad, sino que esos foros se trasladaban al Instituto de Investigaciones Sociales, donde don Pablo González Casanova, Víctor Flores Olea, Amoldo Córdova, estamos hablando de figuras mexicanas, además de gente de primer nivel que ya sea en ¡a Facultad, ya sea en el Instituto, ya sea en Oaxaca, otras veces en Guadalajara, siempre se estaba organizando".17
Resultó notorio el fortalecimiento de la red universitaria de bolivianos con la llegada de intelectuales como Rene Zavaleta Mercado luego del golpe de Estado en Chile y de Marcelo Quiroga hacia 1975, sin olvidar a los primeros estudiantes que correspondían a una generación de universitarios constantemente asediada en su formación profesional y actividad política. La confrontación sostenida entre los funcionarios de la embajada boliviana en México con los exiliados transitó con cierta evidencia del núcleo directivo procedente de la UMSA hacia el espacio periodístico en el que participaban Rene Zavaleta, Marcelo Quiroga y Mano Guzmán Galarza, este último, Ministro de Educación durante el último gobierno movimientista.
El nacimiento del Comité de Defensa de la Democracia (CONADE) ocurre durante los meses siguientes a la integración de los primeros bolivianos a la UNAM. Para 1973 la entidad organizativa del exilio agrupaba a las diversas expresiones de la izquierda boliviana en México y cubría una amplia gama de necesidades, además de sus tareas políticas:
"El CONADE tenía un claro sentido político, no había dudas en lo que era en su condición primigenia y que perduró el tiempo que duró, que tampoco fue muy largo... era efectivamente una plataforma de solidario mecanismo para una buena jacuitadon a la vida laboral de los compañeros y compañeras".48
Desde la capital mexicana, el CONADE acrecentó sus filas con la inclusión progresiva de bolivianos expulsados durante los años en que gobernó Banzer. Pronto su operativiclad se concentró en un conjunto de tareas vinculadas con la situación política boliviana sin descuidar los requerimientos individuales de una vida en el exilio. En el CONADE participaban distintas redes partidistas formadas en un momento anterior a la expulsión masiva. La oposición al régimen de Banzer era el punto de convergencia más amplio alrededor del cual se tejió una red más extensa:
"Las cosas más generales, más amplias, se hacían a nivel del Comité Democrático, que era importante como una plataforma justamente para evitar la dispersión de este exilio y, por otro lado, cumplía un rol muy importante de información porque no todos los exiliados o no todos los bolivianos que vivían en esa época en México tenían posibilidades de estar al tanto de lo que ocurría en Solivia".49
El Comité de bolivianos se había originado a partir de necesidades comunes entre ciudadanos del país andino; sin embargo, no se convirtió en una organización que fijara la pertenencia en la condición de asilado político o nacionalidad en particular. El carácter abierto con el que se mantuvo durante los años setenta favoreció la inclusión de bolivianos llegados a México en busca de instrucción universitaria como de ciudadanos latinoamericanos interesados en la lucha antidictatorial en Bolivia:
"que yo recuerde, no había digamos una presidencia, una dirección, una cosa así; era un Comité realmente democrático en el sentido de que participaba todo el mundo, o sea, todos los exiliados o incluso no exiliados, la gente que vivía en México por otras razones, por estudio, por lo que fuera. Entonces no eran estrictamente los exiliados, había personas de todas las edades, había personas mayores, íbamos nosotros que éramos chicos en esa época...".50
En su composición, el CONADE estuvo fuertemente asociado a la actividad académica y estudiantil de los bolivianos incorporados a la UNAM. Además de las redes intelectuales originadas en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en la Facultad de Economía también se encontraba otro grupo de profesionales integrado por Eduardo Arauco, Carlos Toranzo, Fíorts Grebe y Mercedes Urriolagoitia. En Economía los bolivianos participaron de otras redes afines en intereses académicos y políticos dentro de la propia universidad:
"... teníamos un grupo en economía que se llamaba 'Los Vándalos', que eran contra PC... quien mandaba era el PC, todos los grupos eran prácticamente anti PC, pero como economía era muy chiquito dentro de la UNAM y muy chiquito dentro del país, había entonces espacio para hacer política universitaria... nos llevábamos muy bien con los PC en términos académicos, pero cuando había elecciones de decano o director de carrera o director de posgrado ahí íbamos 'Los Vándalos' contra el PC".51
La recepción de noticias procedentes ele Bolivia a través del CONADE contribuyó a la sincronía entre las prácticas de solidaridad desde el destierro y las necesidades de quienes se encontraban en el país. La estancia temporal de bolivianos en México también favoreció la reactualización del acontecer andino, en tanto que acrecentó las conexiones de las redes en el exilio a través de un intercambio acorde con la situación política boliviana. La mención hecha por Domitila Barrios de Chungara, dirigente del Comité de Amas ele Casa de la mina Siglo XX, luego de su encuentro con los exiliados en la capital mexicana a mediados de 1975, revela un cierto nivel de coordinación entre los bolivianos:
"Durante mi estadía en México, tuve la oportunidad de conocer a varios bolivianos y estar con ellos. Algunos eran exiliados que habían salido del país en el 71... de los que allí encontré, solamente conocía a uno que había venido con algunos estudiantes a las minas... yo noté en los bolivianos que tienen buena voluntad, hacen actos de solidaridad con el pueblo de Bolivia, no se olvidan de su pueblo".52
Con la llegada de Domitila Barrios a invitación de Naciones Unidad para participar en la Primera Conferencia Mundial de la Mujer, el intercambio entre el exilio y la dirigente minera se extendió más allá de la coincidencia de tareas políticas para su país. En el exilio, además de replantear la colaboración desde afuera con lo acontecido en Bolivia, también merecieron atención necesidades personales de manutención, alojamiento y revisión médica:
"A mí, personalmente me han tratado muy bien, me han dado toda su ayuda, me han dado todas las comodidades, me hicieron operar de la rodilla, incluso me ayudaron a tratar mis dientes que había tenido rotos desde la segunda vez que fui encarcelada. No hay ningún solo compañero que no haya demostrado su solidaridad. Los bolivianos también me dieron muchas jacuidades para los contactos que tenía yo que hacer".53
Para mediados de la década de los setenta el exilio boliviano se encontraba más diversificado en su composición como en sus conexiones fuera de la Universidad. La identificación que hiciera la embajada boliviana en México de sus miembros había iniciado con la mención de Osear Prudencio Cosío como el representante de los bolivianos en los primeros años a la identificación de Rene Zavaleta, Mario Guzmán Galarza y Marcelo Quiroga como personas a quienes se debía prestar atención en México. A partir de dicha valoración, los funcionarios diplomáticos de la embajada boliviana concentraron su vigilancia en el quehacer periodístico de Zavaleta, Galarza y Quiroga, sin prestar tanta atención a sus redes intelectuales. La densidad en el capital social de cada uno particularizaba los lugares y las personas con las que se compartían intereses en común. La actividad de los tres intelectuales no se desvinculaba de los integrantes del CONADE como de otras organizaciones del exilio latinoamericano:
"Zavaleta se metió más a la parte académica, no formaba parte siquiera del Comité, pero indudablemente estaba políticamente Marcelo Quiroga, Zavaleta estaba con nosotros, pero él era director de la FLACSO, entonces trabajaba ahí, pero Marcelo sólo se dedicaba a eso, Marcelo volvió clandestino, entonces tenía hasta más tiempo".54
Las redes sociales de las que participaba Zavaleta le permitían moverse en distintos medios universitarios de América Latina y mantener una colaboración tanto política como académica. Su labor intelectual no se disoció de su müitancia política y cercanía con bolivianos pertenecientes al exilio:
"Rene fue un gran exponente del pensamiento nacionalista en Bolivia, del pensamiento nacionalista revolucionario; su paso por el marxismo y su paso por el Partido Comunista es posterior, pero Zavaleta era la referencia intelectual entre los bolivianos, no solamente para los bolivianos sino para el conjunto de los latinoamericanos, era la referencia intelectual más sólida".55
Por otra parte, la actividad de Quiroga lo acercaba más a lo que acontecía con los bolivianos dentro del CONADE, organización desde la que ejerció un cierto liderazgo tras su llegada a México en mayo de 1975:
"No eran muy numerosas, eran reuniones de veinte, máximo cuarenta personas, sin una periodicidad fija, se convocaba para ciertos temas, y en esas reuniones frecuentemente comenzaban haciendo un análisis de lo que pasaba en Bolivia, entonces se les pedía a las personas más informadas, frecuentemente Marcelo Quiroga hizo esa labor, de hacer un análisis de lo que estaba ocurriendo en Bolivia y en el contexto latinoamericano...".56
Marcelo Quiroga participó también de otras redes latinoamericanas del exilio dentro de la UNAM a la par ele la actividad docente en la entonces Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán: "En México recuerdo que con frecuencia lo acompañaban a Marcelo o venían a la casa, o iban con él a reuniones, intelectuales muy reconocidos de América Latina; Rodolfo Puiggrós de la Argentina, Theotomo Dos Santos del Brasil, Gerard Pierre Charles de Haití, Sergio Bagú de la Argentina, Carlos Quijano de Uruguay, de Chile Pedro Vuskovic, que fue muy amigo de Marcelo, fue ministro de Allende; Agustín Cueva del Ecuador, que fue director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la UNAM...".57
Ante la falta de registros en prensa del Comité de bolivianos en el exilio habría eme poner atención no sólo en sus tareas políticas y cantidad de participantes, sino también en las conexiones con otras redes fuera de la Universidad. La comunicación entre grupos de bolivianos ubicados en distintas ciudades latinoamericanas fue más perceptible desde México en acontecimientos cubiertos en prensa y televisión. El asesinato del ex presidente Juan José Torres en Buenos Aires, el 1 de junio de 1976, trascendió regionalmente y propició actividades del exilio latinoamericano residente en la Ciudad de México:
"...llegó en un vuelo, sí no me equivoco, de la Fuerza Aérea Mexicana, que viajó para recoger el cuerpo del general Torres y a su familia, y en ese vuelo se colaron algunos bolivianos como Andrés Soliz Rada, Sergio Paz también llegó exiliado allá, huyeron a la Argentina, pero no tenían papeles... y llegó ahí Emma Obleas, sus familiares, sus hijos, en fin, jóvenes todavía, y efectivamente, la llegada del general Torres propició dos o tres actos importantes; en el sepelio del general Torres hubo una concurrencia muy grande de la comunidad latinoamericana, mexicana también".58
El traslado de los restos de Torres a México integró a un reducido sector de bolivianos alrededor del proyecto político que encabezara hasta antes de su derrocamiento en 1971. La incidencia dentro del CONADE estuvo en proporción a su compatibilidad con las diferentes corrientes políticas en el exilio como al número de simpatizantes:
"Ellos estaban en una corriente política muy distinta a la nuestra, Torres era un militar que se definía como nacionalista, después de su muerte su familia siguió en esa línea nacionalista. Estaba con gente como el ex ministro Andrés Soliz Rada... él era de una corriente política que no era propiamente un partido, se llamaba Octubre, y ésta era una agrupación política que se calificaba como nacionalista... y la familia de Torres un poco se afilió a ésta, estaba con el grupo Octubre que apoyaba a Torres, se definían ellos como torristas...".59
Para esos años, lo acontecido con la asociación de bolivianos permite identificar una diferencia en el peso político de sus participantes como en la incidencia a su interior. Con la presencia de Emma Obleas y el agrupamiento de sus simpatizantes, las adhesiones al torrismo cobraron fuerza alrededor de los ideales del general. Su integración al CONADE establecía en principio una participación en el trabajo político del exilio e incrementar las adhesiones en torno a la figura de Torres:
"Participaba [Emma Torres], teníamos un Comité Democrático Boliviano, y participaba. Quería darle una tónica alrededor del torrismo, y nada, porque había gente que no había estado con el torrismo... pero participaba y le teníamos mucho respeto. No fue el eje articulador, el eje articulador era obviamente Marcelo Quiroga".60
La coexistencia de distintas redes partidistas dentro del Comité democrático propició también los primeros acercamientos entre organizaciones de la izquierda boliviana interesadas en formar un frente político contra la dictadura:
"Había diferencias partidistas y políticas que después se tradujeron una vez que se produjo la apertura democrática acá en distintas opciones frentistas, electorales, cuando se conformó la IJDP. Marcelo Quiroga no entró a la IJDP, prefirió ir solo como candidato del Partido Socialista, y esas diferencias ya se veían en el exilio...".61
Entrado el sexto año de dictadura militar en Bolivia, fue notoria la cantidad de estudiantes orillados a buscar protección fuera de su país a consecuencia de la persecución policial a sus organizaciones estudiantiles en las universidades. Para aquel momento, la ayuda prestada por los asilados en México se podía lograr a través de una red social que había logrado extenderse con efectividad hasta Bolivia:
"Mi padre fue una persona que se movía muchísimo, hubo mucha presión de centros de estudiantes, mi padre era dirigente también de la COB en ese momento, él presionó muchísimo para que pudiera salir... Amnistía Internacional se movió muchísimo para que yo pudiera salir en libertad... entonces cuando yo salía del aeropuerto, en algún lugar, mi padre me pasó un papelito en la mano, y cuando lo vi el papelito en el aeropuerto de México era una dirección, era un teléjono y un nombre...".62
Las condiciones para el retorno de estudiantes, profesionistas, dirigentes de partidos y sindicalistas expulsados de Bolivia tienen lugar durante el último año del régimen militar. El soporte exterior proveniente del gobierno norteamericano parecía difuminarse con la llegada de Jimmy Cárter a la Casa Blanca. La política exterior estadounidense para la región promovía una democratización asistida desde Washington que no pusiera en riesgo sus intereses en países con gobiernos militares. El encuentro entre Banzer y Cárter en los Estados Unidos y la posterior visita a Bolivia de Terence Todman, subsecretario de Estado para Asuntos de América Latina, en mayo de 1977, tendrían una repercusión en la política interna boliviana de los siguientes meses.

Mientras el respaldo estadounidense a la gestión de Banzer se encontraba en entredicho, una serie de dificultades internas hicieron evidente la inviabilidad de su mandato: crisis económica, bajo poder adquisitivo de la población, corrupción fiscal, complicidad en el tráfico de drogas, control de natalidad, promoción de la inmigración blanca, violación de derechos humanos, entre otros asuntos63. Incrementada la protesta social y replanteada la colaboración estadounidense, Banzer buscó sobrevivir dentro de las nuevas condiciones nacionales e internacionales. En noviembre de 1977 tienen lugar dos disposiciones de gran trascendencia política: convocatoria a elecciones presidenciales y la derogación del decreto que llevó a los partidos políticos y a los sindicatos a la clandestinidad.
Sin embargo, las medidas emitidas por el dictador se encontraban aún dentro de la estrategia diseñada para su perpetuación en el poder a pesar de su pronunciamiento público de no participar en los comicios presidenciales. Banzer eligió al entonces Ministro del Interior, Juan Pereda Asbún, como candidato a la Presidencia de Bolivia, mientras allanaba el camino para evitar cualquier sorpresa. Antes de que concluyera el último mes del año, Banzer asumió el control de las Fuerzas Armadas al nombrarse Comandante en jefe y decretó una amnistía política acorde al juego electoral que pretendía implementar.
La liberación de poco más ele treinta detenidos en cárceles bolivianas y la emisión de un listado de cerca de 350 personas impedidas para retornar a su país, por considerarlas extremistas, buscaba dejar intacta la purga llevada a cabo en partidos políticos, organizaciones sindicales, estudiantiles y de proíesionales. Pero la fortaleza de la dictadura fue puesta en riesgo con el inicio de una huelga de hambre de cuatro esposas de mineros el 28 de diciembre de 1977.
Las ayunantes demandaban al régimen el decreto de una amnistía general sin restricciones, reubicación de los obreros despedidos, el retiro del ejército de los distritos mineros y el fin de las prohibiciones contra las organizaciones sindicales. El último día del año, 11 personas procedentes de distintas organizaciones de mujeres, estudiantes, sacerdotes y defensores de derechos humanos decidieron secundar a las cuatro mujeres que permanecían en el Arzobispado de La Paz. Después de instalarse en la redacción del periódico Presencia, un tercer grupo se declaró en huelga en el templo de María Auxiliadora de La Paz en el primer día de 1978. Para la primera quincena del mismo año la huelga de hambre había replicado en casi la totalidad de los departamentos de Bolivia y en ciudades de América Latina y Europa con presencia de ciudadanos bolivianos.
En la Ciudad de México, la sede de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), presidida por el peruano Genaro Carnero Checa64, albergó a un grupo de huelguistas en el exilio:
"... se hizo una huelga de hambre cuando en el 78 hubo apertura democrática y se hizo una selección de la amnistía, unos tenían derecho a entrar y otros no. Entonces los que estábamos en la lista negra, entre los que estaba yo, hicimos una huelga de hambre en la FELAP, Federación Latinoamericana, el compañero [Gregorio Selser] nos ayudó para que en ese centro se hiciera la huelga de hambre... ".63
Tres semanas después de haber iniciado el ayuno las cuatro mujeres en La Paz, el movimiento se había masificado con cerca de 1.200 personas ubicadas en los distintos departamentos de Bolivia. La rápida adhesión social a las demandas planteadas midalmente llevó a Banzer a intentar romper la resistencia social luego de un primer acercamiento con el movimiento de huelga a mediados del mes de enero. Tras una reunión entre representantes del gobierno, partidos políticos y huelguistas, Banzer creyó que podía resolver el dilerendo a su favor sin ceder en una sola de las peticiones. La ocupación policial de los recintos avanzó progresivamente hasta alcanzar casi la totalidad de los lugares en que se encontraban los ayunantes.
El malestar por el allanamiento de espacios religiosos llevó a monseñor Manrique a confrontar a Banzer en torno a la solución del conflicto o la sanción religiosa a la que se haría acreedora la Arquidiócesis de La Paz. Reactivada la huelga con el anuncio de Manrique, el gobierno no tuvo más alternativa que decretar una amnistía general irrestricta y ceder a las peticiones de recontratación de los mineros despedidos y el compromiso de no emprender represalias contra los huelguistas.
Luego del anuncio, cientos de personas iniciaron el retorno a Bolivia. La situación política boliviana tuvo cambios significativos en vísperas de los comicios electorales de julio de ese año. La maquinaria gubernamental puesta a favor de Pereda Asbún, junto con las adhesiones que lograra a su candidatura entre las Fuerzas Armadas, hicieron posible el relevo de Banzer y la ruptura entre los dos militares. Al anularse los comicios electorales de julio se reavivaron las disputas internas entre facciones militares interesadas en mantenerse en el poder. A partir de ese año la inestabilidad presidencial será un hecho característico de la situación política boliviana hasta la llegada del general Luis García Meza en julio de 1980. La vuelta a los regímenes militares tendrá con García Meza un elevado costo en vidas humanas y la reanudación del éxodo boliviano a consecuencia de la represión política. El exilio de ese periodo será más diverso en su composición generacional y alcanzará a un mayor número de personas de todos los sectores sociales. Para unos representará un acontecimiento nuevo en sus vidas, mientras que para otros será la vuelta a un capítulo aún no cerrado en la historia personal y política ele Bolivia.
CONCLUSIONES
El restablecimiento ele la comunicación con el lugar de procedencia apareció de manera temprana como elemento vital en el crecimiento y las prácticas llevadas a cabo por las redes del exilio. A través del correo aéreo, las agencias de información y la movilidad de personas fue posible el flujo de información y el intercambio de objetos con un alto valor efectivo. En el plano político, una de las prácticas ele mayor consistencia durante los años de destierro se ejerció dentro del periodismo. El trabajo en prensa ganó amplio terreno por intermedio de columnistas que pronto contrarrestaron las versiones oficialistas replicadas en diarios mexicanos. La trascendencia de dicha labor llevó a la representación del banzerato en México invertir buena parte de su tiempo en la defensa del régimen a través de los mismos canales en que era desplegada la crítica. La presión de la embajada boliviana a los diarios El Día y Excélsior, principales tribunas del exilio, fue ejercida unas veces de forma abierta, mientras que en otras se revistió de adulación y exagerada amabilidad hacia sus directores.
Las controversias en prensa entre el cuerpo diplomático de la embajada y columnistas bolivianos se encuentran a la alza en el año de 1973. La llegada de nuevos exiliados que habían permanecido en Chile hasta el golpe de Estado de Augusto Pinochet, tuvo un peso significativo tanto en el medio periodístico como académico de México. Un segundo momento equiparable al anterior ocurrió con los bolivianos que abandonaron la Argentina a partir de 1974. El seguimiento de las notas periodísticas llevadas a cabo por el personal diplomático, así como las estrategias diseñadas a restarles credibilidad, abrió una vía de permanente comunicación con las autoridades bolivianas encargadas de la segundad interna. Considerado México como el lugar donde podría proyectarse una imagen regional de lo que acontecía en Bolivia durante los años setenta, las prácticas intelectuales y políticas en el exilio se replicaron más allá del entorno universitario.
La diversidad de tareas emprendidas en ámbitos de la vida pública y privada no fueron siempre perceptibles de manera uniforme. Los medios y las formas de viabilizar actividades de apoyo cubrieron necesidades tanto propias como grupaÍes en espacios geográficamente separados pero vinculados en una diversidad de intereses. En el presente trabajo nos hemos concentrado en establecer una serie de conexiones y esfuerzos de tipo individual y colectivo de la red universitaria, favorecida en gran medida por su ubicación espacial, en tanto que mantuvo durante gran parte de la década de los setenta una centralidad como integradora y propiciaclora de otras redes. El intercambio dentro de la misma respondía de igual forma a circunstancias y acontecimientos específicos de cada persona como a proyectos colectivos y de largo alcance.
NOTAS
1. Al referirse a su experiencia como exiliado en los años setenta, Mario Miranda Pacheco señalaba con relación al número de bolivianos que: "Inicialmente, conformábamos un grupo de 72 personas, el grupo incluía catorce profesores universitarios, estudiantes, periodistas, profesionales, dirigentes sindicales y algunos familiares", en Mario Miranda Pacheco, "A propósito del exilio boliviano en México", Babel, Ciudad de México, No.3, Latinoamericanos en la Ciudad de México, abril/junio/ 1999, p. 67.
2. Ibid.
3. Partimos de la propuesta metodológica de Ricardo Melgar y Eduardo Devés para el estudio de las redes intelectuales en América Latina: "1. Se entiende por red el conjunto de relaciones recíprocas que se extienden por un tiempo relativamente largo (años) y expresada en: contactos personales, correspondencia, citaciones recíprocas, referencias, prólogos, homenajes, escritura y lectura de los mismos medios, ideas-objetivos y categorías similares; 2. Cercanía con otros exilios. 3. Pertenencia del exilio a una red boliviana o latinoamericana; y 4. Rastreo en obras de las aproximaciones entre las personas sobre la base de alguna afinidad ideológica o programática". Ricardo Melgar y Eduardo Devés, "Redes teosóficas y pensadores (políticos) latinoamericanos, 1910-1930", pp. 78-79, en Eduardo Devés, Redes intelectuales en América Latina, hacia la constitución de una comunidad intelectual, Santiago, Instituto de Estudios Avanzados, 2007. Las cursivas son adaptaciones a nuestro interés temático y temporal.
4. Embajada de México en Bolivia. Asilo político en la Embajada de México en Bolivia. Informes sobre las diversas solicitudes. Telegramas intercambiados entre la Secretaria de Relaciones Exteriores de México y el secretario/encargado de la embajada, Vicente Cueto. Expediente: III-5729-1 (la.) (Archivo Histórico "Genaro Estrada", Secretaria de Relaciones Exteriores, en adelante AHGESRE).
5. Osear Prudencio Cosío, entrevista realizada en La Paz, Bolivia, junio de 2007.
6. Ibid.
7. Ibid.
8. Pierre Bourdieu, Poder, derecho y clases sociales, Bilbao, Descleé de Brouwer, 2000, p. 151.
9. Pablo Ramos Sánchez, entrevista realizada en La Paz, Bolivia, agosto de 2007.
10. La revolución universitaria introdujo una serie de medidas con la finalidad de resolver los problemas de corrupción en las instituciones de educación superior, establecer una paridad entre docentes y alumnos en las decisiones universitarias, asi como la puesta en marcha de proyectos encaminados a la obtención de mayores recursos económicos. Carlos Carvajal Nava, entrevista realizada en La Paz, Bolivia, agosto de 2007.
11. Osear Prudencio, entrevista citada.
12. Rolando Costa Arduz, entrevista realizada en La Paz, Bolivia, agosto de 2007.
13. Pablo Ramos Sánchez, entrevista citada.
14. Embajada de Bolivia en México. Del embajador de Bolivia en México, Mario Franco Franco, al Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Mario Gutiérrez Gutiérrez. Informes relativos a ataques periodísticos. México D.F, 15 de enero de 1972, Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia (en adelante AMREB).
15. "En torno al asesinato de Alcides Sandóval", Bolivia, Panorama Internacional, en Céneos Comunicación, México, No. 4, enero de 1972, p. 2, Archivo Histórico de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (en adelante AHENAH).
16. Ibid.
17. Jorge Mansilla Torres, entrevista realizada en la Ciudad de México, diciembre de 2006.
18. Ibid.
19. Marcos Domic, entrevista realizada en La Paz, Bolivia, agosto de 2007.
20. Ibid.
21. Embajada de Bolivia en México. Del encargado de negocios a.i., Luis Cañedo Reyes, al Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Mario Gutiérrez Gutiérrez. Informes sobre preparativos entre los asilados. México D.E, 23 de febrero de 1972 (AMREB).
22. Testimonio anónimo, La Paz, Bofivia, 2007.
23. Raúl Rivadeneira Prada, entrevista realizada en la ciudad de La Paz, Bolivia, agosto de 2007.
24. Florence Rosemberg, "Redes sociales y migración", en Bottinelli, Cristina, coord. Migración y salud mental, México, ILEF/ Randda Barnen, 1994, op. cit., p. 81.
25. Pablo Ramos Sánchez, entrevista citada.
26. Testimonio anónimo, La Paz, Bolivia, 2007.
27. "Campaña internacional a favor de los presos políticos de Bolivia", en Céneos Comunicación, México, No. 41, octubre de 1972, pp. 39-40 (AHENAH).
28. Testimonio anónimo, La Paz, Bolivia, 2007.
29. Jorge Calvimontes y Calvimontes, entrevista realizada en la Ciudad de México, abril de 2008.
30. José Luis Molina y Alba Alayo, "La reciprocidad hoy: la red de unidades domésticas y servicios públicos en dos colectivos de Vic (Barcelona)", en José Porras, et al., Redes, Enfoques y Aplicaciones de Redes Sociales (ARS), Santiago, Universidad Bolivariana, 2005, p. 303.
31. Jorge Calvimontes y Calvimontes, entrevista citada.
32. Ibid.
33. Roberto Moreira Monteemos fue parte de los cinco bolivianos que durante el año de 1972 ingresaron a México a través de la embajada mexicana en La Paz, Bolivia. Embajada de México en Bolivia. Asilos diplomáticos concedidos por nuestra embajada en La Paz durante el régimen del presidente Echeverría (1 Diciembre - 30 noviembre 1976). Tlatelolco, D.E, a 30 de noviembre de 1976. Expediente: III-5729-1 (la.) (AHGESRE).
34. Pablo Ramos Sánchez, entrevista citada.
35. Pablo Ramos Sánchez, entrevista citada.
36. Ibid.
37. Ibid.
38. Eduardo López, entrevista realizada en La Paz, Bolivia, agosto de 2007.
39. Eduardo López nos reveló desde La Paz, Bolivia, algunos de los pormenores de aquella larga entrevista realizada a Hernán Canaviri en un modesto alojamiento de la Ciudad de México. La cercanía con la experiencia indígena compartida por Canaviri estrechó la amistad con López en tanto que determinaría en buena medida su vocación profesional. El texto y material de audio fueron retomados por Silvia Rivera Cusicanqui en su libro Oprimidos pero no vencidos, siendo depositaría de los mismos el Taller de Historia Oral Andina (THOA). Desafortunadamente el THOA reportó en años recientes la pérdida del material, por lo que recurrimos al antropólogo y videoasta Eduardo López para rememorar parte de su conversación con Canaviri y dejar constancia de su paso por México.
40. Eduardo López, entrevista citada.
41. Francy Bazurco, entrevista realizada en La Paz, Bolivia, abril de 2007.
42. Ibid.
43. Ibid.
44. El abogado boliviano Mario Guzmán Galarza, columnista del periódico El Día, denunció en una de sus columnas el confinamiento de exiliados de su país en Chile y Paraguay, así como la complicidad del régimen de Pinochet y Banzer en el ocultamiento de información para que pudieran recibir ayuda humanitaria por parte de Naciones Unidas. En Mario Guzmán Galarza, "El destierro de los revolucionarios de abril", El Día, abril 7 de 1975. Reproducido en correspondencia diplomática de la Embajada de Bolivia en México. Del encargado de negocios a.i., Luis Cañedo Reyes, al Gral. Alberto Guzmán Soriano, Ministro de Relaciones Exteriores y Culto. Informes relativos a la defensa de nuestro gobierno. México D.E, 25 de mayo de 1975 (AMREB).
45. Alma Reyles, entrevista citada.
46. Ibid.
47. Cayetano Llobet, entrevista citada.
48. Eduardo López, entrevista citada.
49. Soledad Quiroga, entrevista realizada en La Paz, Bolivia, abril-mayo de 2007.
50. Ibid.
51. Testimonio anónimo, entrevista realizada en La Paz, Bolivia, abril-mayo de 2007.
52. Moema Viezzer, "Si me permiten hablar...", testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia, México, Sido XXI, 1978, p. 228.
53. Ibid.
54. Testimonio anónimo, La Paz, Bolivia, abril-mayo de 2007.
55. Cayetano Llobet, entrevista realizada en La Paz, Bolivia, agosto de 2007.
56. José Antonio Quiroga, entrevista realizada en La Paz, Bolivia, agosto de 2007.
57. Ibid.
58. Ibid.
59. Soledad Quiroga, entrevista citada.
60. Testimonio anónimo, La Paz, Bolivia, abril-mayo de 2007.
61. José Antonio Quiroga, entrevista citada.
62. Graciela Toro, entrevista realizada en La Paz, Bolivia, agosto de 2007.
63. Martín Sivak, El dictador elegido, biografía no autorizada de Hugo Banzer Suárez, La Paz, Plural Editores, 2002, p. 205.
64. El mismo año el propio Genaro Carnero Checa promovió otra huelga de hambre de sus paisanos, en la que protestaban contra la represión magisterial por parte de la dictadura militar de Morales Bermúdez.
65. Testimonio anónimo, La Paz, Bolivia, abril-mayo de 2007













