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Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional
Print version ISSN 1997-4485
Rev. Fuent. Cong. vol.3 no.5 La Paz Dec. 2009
RESEÑAS
EL VALOR DE LOS REGISTROS FOTOGRÁFICOS PARA COMPRENDER LA HISTORIA DEL PUEBLO GUARAYO.
SOBRE UN NUEVO LIBRO DE PILAR GARCÍA JORDÁN.
El lunes 20 de julio, la Alcaldía Municipal de Ascensión de Guarayos invitó a un acto de presentación de la reciente obra de Pilar García Jordán, titulada Unas fotografías para dar a conocer al mundo la civilización de la república guaraya, excelentemente editada en Madrid (España) por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el año 2009. El acto se realizó en el patio del Museo de Historia, dependiente de la Universidad Gabriel René Moreno de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.
Un ejemplar de este estudio fue entregado por la autora, como lo viene haciendo desde hace ya tiempo atrás, a la Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional. A tiempo de informar a la comunidad sobre esta nueva adquisición, aprovecho la feliz ocasión para comentar algunas reflexiones sobre este acontecimiento libresco y el homenaje a la autora por parte de las autoridades de Ascensión de Guarayos.
LA AUTORA
Son varios años que tengo la honra de conocer a Pilar García Jordán (nacida en Esquedas, Huesca, España), gracias a la gentileza de Juan Jáuregui, quien me la presentó en la Biblioteca del Congreso.
Es doctora en historia por la Universidad de Barcelona, donde ejerce la cátedra de Historia de América; es directora del Taller de Estudios e Investigaciones Andinos Amazónicos, desde donde ha organizado una serie de reuniones y seminarios para analizar y evaluar los estudios sobre las tierras bajas que se desarrollan en Europa en general y España en particular.
Como Coordinadora del Master en Estudios Latinoamericanos, auspiciado por las universidades de Barcelona, Autónoma de Barcelona y Pompeu Fabra, impulsa la formación de nuevas generaciones de historiadores que analizan la historia de los pueblos indígenas de América.
En el ínterin de su investigación sobre el mundo guarayo, elaborado entre España y América, con sendos trabajos de investigación en archivos y en las poblaciones Guarayos, ha perdido a sus seres más queridos, arrebatados por la muerte artera que llega de forma inesperada. Su última obra, la que comentamos hoy someramente, está dedicada a ellos, a sus padres por haberle facilitado la escritura de su vida; y a su esposo y compañero, por su amor, su complicidad, su compañía y sus críticas.
Estamos ante una investigadora enamorada de América Latina, la que una vez fue española, pero sobre todo la veo enamorada de Bolivia y de la república guaraya, como ella denomina a este pueblo indígena de los llanos del oriente de Bolivia.
Ese conocimiento profundo de la historia de los pueblos indígenas de Bolivia, Ecuador y Perú, ha sido generosamente difundido en varios espacios bolivianos, tanto en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra.
En La Paz, testificamos de su amplitud, rigor académico, y entrega indudable a la docencia, pues no ha dudado en aceptar charlas y conferencias, destinadas a estudiantes de la Carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés, compartiendo con ellos sus hallazgos documentales en repositorios como el Archivo Franciscano de Tarata (Cochabamba); el Archivo Histórico de Santa Cruz de la Sierra, el Archivo del Instituto Nacional de Reforma Agraria, el Archivo Histórico del Congreso Nacional, en La Paz, donde acude a diario en busca de escurridizos expedientes agrarios e informes del desaparecido Ministerio de Agricultura y Colonización.

SU OBRA INTELECTUAL
Amplia es ya la obra de Pilar García Jordán, pero sobre todo de una solidez científica remarcable. Entre su obra reciente destacan Cruz y arado, fusiles y discursos. La construcción de los Orientes en el Perú y Bolivia, 1820-1940 (Lima, 2001) y Yo soy libre y no indio: soy guarayo. Para una historia de Guarayos, 1790-1948 (Lima, 2006), a la que se suma esta última que comentamos. Como coordinadora o editora ha publicado varias obras colectivas, que recogen las ponencias presentadas a seminarios y congresos especializados que ella misma organizó.
De estos y los otros existen en la Biblioteca del Congreso y están disponibles a la consulta pública:
Conquista y resistencia en la historia de América (Garcia Jordán, Pilar; Izard, Miquel; Laviña, Jav ), Barcelona, Universitat de Barcelona, 1991; Memoria, creación e historia: luchar contra el olvido / Memoria, creació i historia: lluitar contra l'ablit (Garcia Jordán, Pilar; Izard, Miquel; Laviña, Jav). Barcelona, Universitat de Barcelona, 1993; La nacionalización de la Amazonía (García Jordán, Pilar, Sala i Vila, Núria coord.), Barcelona, Publicaciones de la Universitat de Barcelona, 1998; Lo que duele es el olvido: recuperando la memoria de América Latina / El que dol és l'oblit: recuperant la memoria d'America Llatina (Garcia Jordán, Pilar; Izard, Miquel; Laviña, Jav), Barcelona, Universitat de Barcelona, 1998; Fronteras, colonización y mano de obra indígena en la Amazonía Andina (siglos XIX - XX): La construcción del espacio socio-económico amazónico en Ecuador, Perú y Bolivia (1792 - 1948) (García Jordán, Pilar edit.), Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, 1998; Cruz y arado, fusiles y discursos: la construcción de los Orientes en el Perú y Bolivia 1820 1940 (García Jordán, Pilar), Lima, Instituto Francés de Estudios Andinos; Instituto de Estudios Peruanos, 2001; Conflicto y violencia en América (Dalla Corte, Gabriela; Garcia Jordán, Pilar; Iza), Barcelona, Universitat de Barcelona, 2002; y Unas fotografías para dar a conocer al mundo la civilización de la república Guaraya (García Jordán, Pilar), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2009.

Pilar García Jordán ha dedicado gran parte de su vida académica al estudio científico, desde una visión comparada, de los pueblos indígenas amazónicos y del oriente de Bolivia. Estos estudios que pueden ser calificados como enjundiosos, están brillantemente documentados, con fuentes que la autora ha ido indagando en los archivos de Bolivia y del mundo que custodian la memoria de esos pueblos. Le caracterizan una tenacidad y persistencia remarcables, que ha logrado abrir los archivos más reservados y cerrados al público.
Invitamos a expertos y profanos a visitar nuestra institución para disfrutar y compartir años de investigación científica sobre el pasado y presente del mundo indígena, que la autora ha entregado a la Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional, como retribución simbólica por el afecto con el que los bolivianos y las bolivianas le han prodigados desde 1991.
CONDECORACION ESCUDO DE GUARAYOS
El acto connotativo de alto significado para la historiografía, ha sido el gesto de la Alcaldía de Ascensión de Guarayos que le otorgó la condecoración Escudo Guarayo, que honra el trabajo de investigación que ha desarrollado y aun lo hace, nuestra prestigiosa historiadora, Dra. Pilar García Jordán, de la Universidad de Barcelona.
Nos place que sea el Museo de Historia, dependiente de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, el que auspicie la presentación del libro, pues no hay nada más placentero que ver que las universidades y los intelectuales de la bella ciudad de Santa Cruz de la Sierra muestren sensibilidad por la cultura de los pueblos indígenas bolivianos que habitan, desde tiempos inmemoriales, en su condición de pueblos originarios, esas regiones. Que mejor que esa prestigiosa universidad tenga como contraparte al Gobierno Municipal Autónomo de Ascensión de Guarayos.

LAS FOTOGRAFÍAS COMO FUENTE PRIMARIA PARA LA HISTORIA
Como dijimos, los resultados que expone en sus estudios la autora tienen el aval de la investigación científica con base documental, lo que los hace mucho más valioso aún. La más reciente obra que ha merecido la atención de la comunidad guaraya se construye sobre la base documental de unas fotografías para dar a conocer al mundo la civilización de la República Guaraya. Fuentes que son inagotables invitaciones a la deducción, la especulación y la fantasía, como señala la autora parafraseando a Susan Sontag.
Uniendo ambas fuentes, las impresas-textuales y las fotográficas, encara un proyecto ambicioso como es la reconstrucción de la historia de la conquista, reducción y aculturación de los Guarayo, entre 1790 (la década de los primeros contactos) y 1939 (la secularización), con una diferencia sustancial de lo que había venido haciendo tradicionalmente: el uso sistemático de la fotografía como fuente primaria, capaza por ello de aportar a la reconstrucción de la historia guaraya, es decir con la convicción que las fotografías pueden ser útiles como documento histórico si, como hacemos con todas las fuentes, las interrogamos adecuadamente, como afirma García Jordán.
Tomando básicamente los registros fotográficos aportados por el archivero de Tarata Fray Mauricio Valcanover y el arquitecto-historiador de la Misión de Chiquitos, Eckart Küne, estuvo en condiciones de utilizar estas recreaciones de la realidad ya como instrumentos para la investigación histórica, ya como ilustración del espacio guarayo resultado del proyecto misional franciscano.
La obra está organizada en dos partes. La primera compuesta por cinco capítulos, se refiere a Los guarayo, un grupo étnico-cultural de los orientes bolivianos; El estado, los orientes y las misiones franciscanas, 1825-1839; Una historia de las misiones franciscanas entre los guarayo (1790-1939); La praxis misional en guarayos. La mediación cultural franciscana y la construcción del espacio civilizado; y, Para una historia de la construcción de la república guaraya. Muchos de estos temas son recurrentes en la autora, pues de una u otra manera los ha ido deslizando y analizando a lo largo de su producción historiográfica especializada.
La segunda parte es una lectura de las series fotográficas de guarayos o la construcción de una historia del espacio guarayo. Constituye un notable ejemplo del uso de la fotografía como fuente primaria, puesto que no sólo adorna la experiencia histórica del pueblo Guarayo, sino que se torna en una fuente que informa, documenta y permite la reconstrucción del proceso histórico de ese pueblo indígena originario. El tema es crucial por que una visión tan íntima del proceso misional no se ha plasmado en otros documentos, por ejemplo, los informes de los propios franciscanos.
La autora adscribe, además de Susan Sontag, las líneas filosóficas y metodológicas de Juaco López Alvarez (características de la fotografía), Luis A. Sánchez Gómez (connotaciones ideológicas de la fotografía) y Joanna Scherer (significado sociocultural de la fotografía). Con razón, por ello cuestiona el uso y manipulación que se ha hecho de la fotografía por los países colonialistas como documentación, teóricamente neutra, de la barbarie existente frente al proyecto civilizatorio del que aquellos eran portadores.
Identifica y analiza cuatro series. La primera realizada, básicamente, en 1898, con el propósito de dar a conocer la labor franciscana entre los bárbaros guarayos. La segunda corresponde a 1918, con motivo de la visita pastoral del Internuncio Rodolfo Caroli. La tercera serie refiere, en gran medida, a la etapa en que la prefectura misionera fue ocupada por Fr. Alfredo Hoeller, quien también actuó como fotógrafo, a partir de 1929. La cuarta serie, registra la labor de los religiosos franciscanos en las décadas de 1940 y 1950 y en gran medida las fotografías fueron tomadas por Fr. Hildeberto Walpoth, conversor de Urubichá, 1938-1940.
Recoge también, para la memoria histórica, la labor de fotógrafos como el cruceño Luis Lavadenz Ríos (1898), Fr. Juan Bernabei (1899-1901), T. Herzog (1907) y Wilhelm Kowanda (1925), que trabajan para sus mandantes como llama la autora a los religiosos que encargaron la toma de las imágenes fotográficas.
Es un ensayo sobre el uso de la fotografía para la investigación histórica, recopilada durante largos años de esforzado trabajo, en la que se ve también la generosidad de los archiveros, como el franciscano Mauricio Valcanover, custodio del Archivo de la Orden Franciscana en Tarata del que proceden la mayoría de los testimonios, a los que se suman los recolectados en los archivos de Carlos Cirbián Barros (Santa Cruz), de la Misión Franciscana de Schwaz (Tirol, Austria), del Archivo Parroquial de Urubichá, del Archivo de la Recoleta (Sucre), y otros sin autor.
Son 247 fotografías que testimonian la labor de los misioneros en su afán evangelizador con el que fueron aculturando paulatinamente a esas sociedades indígenas que vivían en un mundo casi virgen, es decir sin contaminación ideológica, social, cultural o política. Constituyen un crudo testimonio de la ingerencia del Estado que puso su cuota parte en esa labor pensada como integradora pero con resultados francamente negativos.
Aquí es necesario hacer una digresión forzada. A nivel general, los contactos con los indígenas tuvieron como corolario no deseado el exterminio por varias vías, la de enfermedades es la más común, pero también como resultado de acciones punitivas de grupos de poder de todos los tiempos. El resultado final se expresa en las estadísticas que nos muestran pueblos que han llegado al siglo XXI con escasos habitantes, y aun así, quizá de manera simbólica y como protesta histórica diría yoson reconocidos como naciones indígenas. Es el caso de los orgullosos sirionós del Ibiato (cerca de Trinidad), que no pasan de los 830 habitantes (según datos del Conniob, 2004), o más dramático aun, el del pueblo Pacaguara, que reporta 17 habitantes. Estos, junto a los chácobo (1050 habitantes) y otros pueblos, fueron literalmente capturados por los tristemente célebres misioneros lingüistas de la Universidad de Oklahoma, agrupados en torno al Instituto Lingüístico de Verano (SIL, por sus siglas en inglés), expulsados de Bolivia, en 1985. Cierro la digresión.
Un grupo de fotografías muestra preciosas escenas de pueblos guarayos, relativas a la vida social y religiosa, actividades de esparcimiento, talleres de carpintería, construcción de graneros, educación propia de la vida misional, lecciones de música; producción económica, la caza, la pesca, la cosecha de algodón, el trabajo en el chocolatal, el chaqueo, la preparación del charque, la recolección; los medios de transporte terrestre y fluvial, la tracción animal y humana; el arte textil; los caciques guarayos; la alta jerarquía misional franciscana; los que son complementados por las bellas escenas del paisaje urbanístico, de los ríos y de la floresta.

Otro grupo retrata de manera impactante el contacto de los curas franciscanos con los Sirionó. Llama poderosamente la atención aquellas que muestran sirionós aculturados, con modos de vida y vestimenta occidentalizada, incorporadas a la vida misional en la década temprana de los años 30s, que contrastan con otras tomas que nos muestran a mujeres, niños y hombres de este pueblo en su estado casi natural. Vemos, por ejemplo en este caso, un grupo de sirionós tensando el arco, ese arco que asombró al joven antropólogo norteamericano Allan Holmberg que por ello los llamó como los Nómadas del Arco Largo. La fecha en la que fueron tomadas estas fotografías (1950) de sirionós en estado puro, contrasta notablemente con aquellos sirionós aculturados de 1930.
Lo normal sería que los nativos puros tengan data más temprana.

A MODO DE CONCLUSIÓN
Estamos ante una obra de gran alcance para comprender mejor la historia de los pueblos indígenas del oriente boliviano. Estamos frente a un desafío que implica usar la fuente fotográfica como fuente primaria con capacidad para reconstruir, por si misma en gran medida, el pasado de una sociedad.
El lente del fotógrafo no tuvo opción de discernir históricamente el contexto, y por esa razón atrapó una realidad que quizá no era el propósito del documentalista de aquella época. Veamos por ejemplo un crudo testimonio fotográfico que expone el estado lamentable en que se encontraban las poblaciones indígenas (fotos 50, 124, 125, 139), la situación de indefensión de los más vulnerables (fotos 172, 173, 175-177, 182), las duras condiciones, propias del régimen servil (fotos 52, 121-123), y la diferencia notable de la vida independiente de los sirionó antes del contacto franciscano, expresados en una felicidad natural (fotos 221-241).
El resto de las fotografías nos muestra un mundo cuasi ideal que deseaban mostrar los franciscanos, que se expresan en indígenas limpios, bien ataviados, sonrientes, trabajando placenteramente, como debe ser cuando se posa para la fotografía oficial.
Detrás del registro fotográfico que no puede ser neutral, como no lo son las fuentes impresas, vemos una especie de registro oficial de lo que se desea mostrar y que contrasta con aquello que la cámara ha captado al margen del deseo del fotógrafo.
Los datos aportados por Pilar García Jordán nos das pautas para comprender la labor sacrificada de los fotógrafos de aquellas épocas. Los misioneros franciscanos tenían en las cámaras fotográficas que transportaban con ellos, un poderoso instrumento de valor incalculable para la historia de esos pueblos.
Lic. Luis Oporto Ordoñez
Director Biblioteca y Archivo
Histórico del Honorable Congreso
BAHC(Bolivia)











